Mi desahogo: Sólo para hombres.
- 13 sept 2016
- 5 Min. de lectura

Luego de escribir “¿Cómo entender a los hombres? ¿Cómo entender a las mujeres?” He recibido innumerables email donde tanto unos como otras me hacen preguntas de algunos de los temas que aparecen en los capítulos de mi libro.
Hoy recibo un correo que deseo compartir con ustedes y dice: “Mi mujer se pasa la vida quejándose de mi, sobre todo de que no la escucho, que no tengo sensibilidad, que no hablo de temas que a ella le interesan, que no sé conversar, me acusa de imperfecto y yo sólo quiero hacerle una pregunta: “¿Cuál es el hombre perfecto?”
Para comenzar permíteme recordarte que los hombres tienen el poder de la comunicación efectiva, dicen lo que van a decir y punto, y para lograrlo usan un promedio de 3 500 palabras diarias. Nosotras, las mujeres, que vivimos sumergidas en pensamientos regidos por los sentimientos y las emociones hacemos uso de unas 8 500 palabras diarias, por lo que nunca esperes un simple:
Ayer se te olvidó sacar la basura.
¡Noooooo! ¡Sacrilegio! Tenemos que ampliar el tema sazonándolo con esas emociones de las que te hablaba, por lo que ella te diría algo más o menos así:
¡Se ve que ya tú no me quieres, tu casa no es tu prioridad, ni la salud de tu familia tampoco!. ¡Ya no te preocupas por nada que tenga que ver con nosotros!. A ver: ¿Por qué ayer no pudiste sacar la basura? ¡Es que andas con la cabeza pensando en sabe Dios qué cosa! No si yo con esas actitudes tuyas me pregunto: ¿Por qué me casé contigo y no con Robertico que vive en New York y es gerente de su propio negocio de recogida de basura y hasta tiene dos camiones?. ¡Las decisiones en esta vida se pagan caro! bien que me lo dijo mi madre, y yo de estúpida y enamorada no la escuché….
Y por ahí sigue, a no ser que te pongas a salvo y salgas corriendo a sacar la basura y te ahorres de escuchar el resto del discurso que no ha terminado, porque si creías que todo había pasado eres de los pocos que aún le deja galletas y leche a Papá Noel. Dos horas más tardes, cuando crees que ya se le olvidó, te vas a acostar y ella sigue con la cantaleta:
¡A ver si te pones para lo que te tienes que poner, porque yo no puedo hacerlo todo en esta casa, ni soy tu empleada doméstica!
Si tu mujer no ha agotado la cuota de las 8 500 palabras diarias te recuerdo que son acumulativas, por lo que al día siguiente se sumarán a la nueva cuota.
Es muy raro que una mujer te pida algo para que lo hagas cuando te de la gana. ¡Ni lo sueñes siquiera, ni te pase por la mente! Eso ni pasa en las películas ni pasa en la vida real. Si es cerrar una ventana tiene que ser AHORA, si es ir a casa de tu suegra a llevarle un vestido que se va a poner para la misa del domingo y apenas es lunes, tiene que ser AHORA. Si hay que ir al Súper es AHORA. Todo lo nuestro tiene una urgencia tal como si el mundo se fuera a acabar y a nosotras, únicamente a nosotras, se nos activa el chakra de la emergencia que es el que permitirá preservar luego a lo que quede del resto de la Humanidad.
En cuanto al asunto de la sensibilidad tienes que hacer el reclamo a Televisa, pues las telenovelas han creado una imagen de hombre (que por supuesto nada tiene que ver con la realidad) pero que muchas se la creen.
No hay una telenovela donde ustedes no se vean atractivos en primer lugar, sin barriga, sin arrugas, sin canas, con un corazón en el medio del pecho que enaltece su lado femenino y si ella llora el hombre la abraza o sale corriendo a alcanzarle un pañuelo o a comprarle 100 rosas perfectas y rojas, claro está. Él la acuna mientras ella se limpia los mocos, la reconforta y la ayuda a limpiarse la baba que le corre por la boca abierta, él le dice palabras que ni escritas por un Byron o por Neruda, mientras ella no para de gritar por las injusticias de este mundo que le han tocado únicamente a ella y a nadie más.
Ningún hombre va a hablar de temas que nos interesan a las mujeres, eso tampoco ocurre y por eso se hicieron las tiendas por departamentos, porque mientras nosotras suspiramos y nos emocionamos ante unas cortinas color magenta que dan un toque vintage a la sala, ustedes sienten una especie de orgasmo al encontrar la caja de herramientas perfecta, que trae 15 destornilladores diferentes para sacar el mismo tornillo que puedes sacar con la punta de un cuchillo de mesa.
Los hombres no conversan, intercambian información en forma directa y precisa. Sólo toma de ejemplo cuando te sientas a ver un partido de béisbol junto a dos socios más, imagínate la situación: El juego en su apogeo, parte baja del noveno inning, marcador empatado y a punto de comenzar a llover, cuando deciden cambiar al pitcher que hasta el momento ha impedido que le anoten una. Tus amigos y tú sin mirarse a la cara, con la vista fija en la pantalla del televisor, resumen la situación diciendo con voz grave:
Tú: - Error
Amigo 1: Mal momento
Amigo 2: Pésima decisión.
¿Te imaginas esa misma situación con tu mujer y dos amigas más mirando el partido de béisbol? Lo primero que hacen es olvidarse de lo que pasa en la pantalla del televisor, se miran escandalizadas las unas a la otra para, a viva voz, mentarle la madre a quien tomó la decisión de quitar al pitcher, luego lo acusan de acostarse con la mujer del pobre infeliz a quien quieren impedirle ganar el juego perfecto, y acto seguido despotrican de todo el equipo que apoya esa pendeja decisión, y de paso le suplican a Dios que acabe de comenzar a llover, mande truenos y centellas o un diluvio universal para que se les joda el partido. Es por eso que la pelota se juega en nueve inning, porque quien la inventó sabe que tenemos (en este caso) poco poder de resistencia.
Si existiera, y que conste que los hay, ese hombre que nos mira a los ojos, nos toma de las manos, se sienta con una mujer en un lugar romántico al atardecer y con voz engolada le dice:
- Cuéntame como ha sido tu día, pero dame muchos detalles porque quiero saber y deleitarme con el sonido de tu voz.
Mientras ella piensa que la partió y está delante del último de los Caballeros de la Mesa Redonda que resucitó porque el tipo es un dinosaurio, el muy cabrón anda fantaseando con el escote del vestido que ella lleva puesto y que deja ver la entrada de los senos. Y mientras ella habla, habla y habla, el sigue por ahí pa´ bajo y de todo lo que ella le cuenta no se va a enterar de la misa ni la mitad.
Y tú me preguntas si existe el hombre perfecto: ¡Claro que si, pero únicamente en el corazón de la mujer que lo ama!.

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